Salud Mental y Psicoterapia: Lo bueno, lo malo y lo pendiente

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Salud Mental y Psicoterapia: Lo bueno, lo malo y lo pendiente

A nivel mundial nos encontramos ante una creciente crisis de problemas de salud mental que afecta a todas y todos, desde la infancia a la adultez. Chile no está ajeno a esta realidad, es más, lamentablemente en nuestro país las cifras tienden a aumentar cuando de problemas de salud mental se trata. 

Cuando reflexionamos sobre lo que nos provoca este malestar psicológico es inevitable mirar aspectos relacionados con los contextos sociales, económicos y culturales en los que habitamos, los que han dado lugar a un estilo de vida caracterizado, entre otras cosas, por impulsar el bienestar individual por sobre el colectivo, la alta valoración del éxito material, la necesidad de gratificación inmediata a partir del consumo y un discurso de descalificación de los problemas psicológicos como si fueran un defecto personal. A ello se suma una larga lista de situaciones extremas que atentan contra la vida y el respeto básico entre las personas y el entorno, como son las guerras, la crisis climática y la pandemia.

Nuestra mente y cuerpo no están preparados para vivir en armonía en las condiciones de las sociedades actuales, generando por tanto respuestas ante el estrés prolongado y agudo, que se traducen en síntomas tan comunes hoy en día como el insomnio, la ansiedad, la depresión, la desmotivación, la impulsividad. Asimismo, las condiciones de vida de muchas personas están marcadas por el aislamiento social, la precariedad socioeconómica y la violencia, lo que agrava las condiciones de salud mental.

Los problemas de salud mental que nos aquejan pueden variar, desde una trastorno como la depresión o la ansiedad, hasta problemas que no necesariamente configuran un diagnóstico, como problemas interpersonales o dificultades en ciertas áreas de nuestra vida. Tener buenas relaciones sociales y familiares, formas positivas de convivir y cuidarnos, pueden ser de ayuda para aplacar los efectos devastadores de las dinámicas sociales antes mencionadas. También se pueden llevar a cabo distintas acciones para mejorar nuestras condiciones de vida, como implementar estrategias de autocuidado mental y físico, buscar actividades placenteras, conectarse con otras personas significativas, intentar llevar una vida más sana y menos estresante. 

Sin embargo, hay veces en las que esas medidas no son suficientes o que por diversos motivos se nos puede hacer difícil implementarlas. Esto, unido a un nivel de malestar emocional significativo, nos puede hacer sentir que no tenemos las herramientas suficientes para abordar los problemas y nuestra esperanza de poder salir de estos puede verse cuestionada. En estos momentos podemos plantearnos buscar ayuda psicoterapéutica.

Décadas de investigación han demostrado que la psicoterapia tiene buenos resultados en el tratamiento de una diversa cantidad de problemas y trastornos de salud mental, y en diferentes momentos de la vida (niñez, adolescencia y adultez). Estos resultados son mejores que la remisión espontánea, es decir, el no hacer nada, y además existe evidencia de que los cambios que produce la terapia perduran en el tiempo. Cuando se trabaja con un profesional con formación clínica, hábil y sensato, las personas que inician una psicoterapia muy probablemente sentirán un alivio o disminución significativa de sus síntomas y malestar, mejorarán su funcionamiento, aprendiendo nuevas maneras de enfrentar sus problemas, en un tiempo más corto que si no acude a tratamiento.

Entonces ¿Qué es la psicoterapia? La podemos describir como un proceso interpersonal que involucra una trabajo colaborativo entre un profesional clínico capacitado y un consultante que se encuentra necesitado de ayuda psicológica. Su objetivo es proporcionar alivio de los síntomas, ayudar a prevenir futuras recaídas, apoyar cambios internos de personalidad, mejorar el funcionamiento de las relaciones interpersonales, en el trabajo/escuela/universidad, y mejorar la capacidad de tomar decisiones que promuevan una buena calidad de vida (Lambert, 2015). 

Para que una psicoterapia funcione y genere cambios positivos, es fundamental establecer una buena relación entre el terapeuta y el consultante. Por parte de la persona que pide ayuda, es central sentirse cómodo con el o la terapeuta, que no se está siendo juzgado, que es escuchado con interés y respeto y que por tanto puede confiar en su tratante. Es fundamental sentir que el profesional está comprometido en querer ayudar y responde de manera flexible a las necesidades del paciente. A su vez, una terapia que va por buen camino, requiere de un trabajo colaborativo entre terapeuta y paciente, y de la disposición por parte del paciente de trabajar los temas difíciles a pesar de que puedan ser dolorosos. Es por ello relevante poder trabajar en conjunto con el terapeuta explicitando lo que se desea lograr e ir ajustando y consensuando las visiones que cada uno tiene del problema. En la psicoterapia con niños, niñas o adolescentes, es importante reconocer que no siempre consultan por motivación propia, al ser llevados a terapia por decisión del mundo adulto. Para estos pacientes más jóvenes es fundamental contar con el tiempo que necesitan para explorar su propia necesidad de ayuda, sus conflictos y deseos; sentirse validados y escuchados. Es importante además integrar a sus padres o cuidadores en la psicoterapia, quienes enfrentan complejos sentimientos, ya que muchas veces sufren por su hijo o hija, no entienden lo que le pasa, o son al mismo tiempo parte, consciente o no, del problema, por lo que los mejores resultados se presentan cuando participan activamente del proceso. 

Sin embargo, no siempre resulta fácil pedir ayuda para seguir un tratamiento psicológico, debido tanto a barreras internas (psicológicas) como a condiciones del sistema social. Entre las primeras limitaciones se encuentran los estigmas sociales y creencias devaluadoras sobre la psicoterapia que pueden llevar a considerar que no es una alternativa posible. Aún muchos y muchas piensan que se las tienen que arreglar por su cuenta, que si piden ayuda es porque hay algo malo en uno, está “loco”, o es “débil”, que el problema viene desde dentro, olvidando que estamos padeciendo los efectos de vivir en un sistema que es muchas veces demoledor. También es habitual que muchas personas tengan la idea de que la psicoterapia es un proceso que lleva muchos años y que incluso te hace “dependiente” de tu psicólogo. Pero no siempre es así. Existen muchas modalidades de psicoterapia, entre las que se encuentran tratamientos más breves y focalizados. En algunos casos, asistir a terapia por un periodo de 3 a 4 meses puede ser suficiente para sentirse mejor, ver los problemas desde otra perspectiva e iniciar cambios relevantes en nuestra vida. Ir a psicoterapia también constituye un ejercicio de reconocimiento de necesitar ayuda y abrir la posibilidad de confiar en un otro desconocido, que probablemente nos hará preguntas que intentamos eludir -evitando con ello abrir la compuerta para llorar o explorar nuestros temores-, con el fin de mantenernos funcionando en un sistema que premia justamente eso: nuestra productividad sin pausa, el mandato de “ser feliz”. 

Por otra parte, existen las barreras sociales, económicas, y del sistema de salud. Hoy en día las consultas psicológicas están altamente demandadas. Realizar una psicoterapia de forma particular en nuestro país es de alto valor económico, por lo que es privativo para quienes pueden costear dicho servicio. Además, el estilo de vida moderno deja poco espacio para privilegiar una psicoterapia. Aún así, el sistema privado está colapsado de consultantes en búsqueda de ayuda, en especial cuando se trata de niños, niñas y adolescentes, enfrentando tiempos de espera extensos para lograr dar con un especialista en esta área. En el caso de la oferta pública, el acceso es la mayoría de las veces engorroso y lento, dada también la alta demanda de atenciones, pero sumando los recursos limitados de los servicios de salud, que obstaculizan el instalar una terapia que cumpla con ciertos estándares mínimos de calidad. Es común observar problemas en la frecuencia y duración de las atenciones, o una alta rotación de profesionales, que migran del sistema público en búsqueda de mejores condiciones laborales. Todo ello afecta directamente el poder establecer una relación de ayuda basada en la colaboración y la confianza que se tienen con un tratante que te conoce y recuerda tu historia, con el cual se han construido objetivos que permiten sostener el foco de tratamiento, y con quien sientas la libertad de expresarte sin sentir que estás frente a un total desconocido.

Como país nos vemos enfrentados entonces a altos índices de problemas de salud mental en nuestra población, y consecuentemente a una gran demanda de atenciones psicoterapéuticas. Hay la evidencia suficiente para afirmar que la psicoterapia es un tratamiento eficaz para abordar estos problemas y que se puede implementar de manera eficiente y oportuna. Actualmente en Chile contamos con una gran cantidad de psicoterapeutas disponibles para dar respuestas a las necesidades en salud mental de la población. Es frecuente en esta profesión encontrar profesionales comprometidos, con vocación de ayuda, y con entrenamiento clínico, que logran desarrollar procesos de terapia exitosos a pesar de los importantes obstáculos de nuestro sistema social y de salud. A esto se suma la creciente cantidad de profesionales que egresan de la carrera de Psicología, que se van sumando a la fuerza de trabajo del área de la salud mental

Sin embargo, los profesionales de la salud mental no pueden enfrentar este desafío por sí solos. Es importante lograr los estándares mínimos de calidad de la atención en salud mental en nuestro país, y que sea de acceso para todos y todas los que se animan a pedir ayuda para sí mismos o para aquellos que cuidan. Re-mirar el apoyo en salud mental como un recurso y no como un estigma, como una posibilidad y no como un lujo, como un derecho y no como un bien de consumo, como una posibilidad de crecimiento y reconexión individual y colectiva. 

Lucía Núñez Académica y Directora del Departamento de Psicología Clínica

Carolina Altimir  Académica y Directora de Postgrado e Investigación

Facultad de Psicología Universidad Alberto Hurtado

 
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