Dificultades sexuales más comunes en las parejas

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Entre las dificultades sexuales más comunes, que son tratado por terapeutas encuentran las siguientes:

Entre las dificultades sexuales más comunes, que son tratado por terapeutas encuentran las siguientes:

  • Miedo a tener relaciones y/o contacto físico.
  • Dificultad para relajarse. Ansiedad.
  • Inseguridad y miedo al rechazo.
  • Falta de placer e incluso dolor.
  • Dificultades sexuales de comunicación y falta de asertividad.
  • Dificultades para alcanzar el orgasmo.
  • Miedo a perder el control.
  • Disparidad íntima

 

La disparidad íntima: Las dificultades sexuales que los terapeutas enfrentan con mayor frecuencia

Cuando dos personas comienzan una relación de pareja, es probable que junto con disfrutar de entretenidos panoramas, planear actividades a futuro y gozar de la compañía mutua… también tengan una alta cantidad de sexo.

Y es que, al principio de un vínculo amoroso, la química se apodera de nuestros cuerpos y nos hace tener más libido: la presión arterial aumenta, se generan más glóbulos rojos para mejorar el transporte de oxígeno por la corriente sanguínea, el corazón late más deprisa… todo, parte de los síntomas del enamoramiento.

Sin embargo, esa pasión que vivimos en un principio tiende a disminuir con el paso de los meses, dando pie a la temida “falta de apetito sexual” que afecta a parte de los enamorados.

 

 

El “enamoramiento” sexual

Manuel Más García, director del Centro de Estudios Sexológicos (Cesex) de la Universidad de La Laguna en España, comparó en un estudio de 2014 el enamoramiento con una especie de estado de psicosis aguda o enajenación mental, e incluso con una adicción.

Lo anterior se debe a que, cuando una persona se enamora, los niveles de serotonina tienden a disminuir y se segregan hormonas como la dopamina, la feniletilamina y la norepinefrina; químicos responsables del insomnio, el anhelo, la euforia, la pérdida del apetito y las fijaciones mentales.

Cuando nuestro cerebro “flota” en feniletilamina, éste responde a través de la secreción de dopamina -neurotransmisor que impulsa a repetir un comportamiento que proporciona placer-, norepinefrina y oxitocina. En otras palabras, se convierte en un mensajero químico del deseo sexual y, de esta forma, se dan todas las mezclas químicas del enamoramiento.

Tomando esto en consideración, si las relaciones son satisfactorias nuestro cuerpo nos pedirá volver a experimentar esa sensación. Por ello, no es de extrañar que en los inicios de toda relación las parejas tengan una mayor cantidad de sexo.

Jonaorle | Pexels

Relación estable y baja de deseo sexual

No obstante, a medida que pasa el tiempo las relaciones sexuales entre la pareja tienden a bajar su intensidad.

En palabras de la sexóloga Núria Jorba, colaboradora del medio La Vanguardia, esto puede deberse a diferentes factores.

 

 

Uno de ellos es la pérdida de novedad, que según la experta se produce al entrar en la etapa de rutina y monotonía sexual. “Para ello hay juegos, erotismo, distintas prácticas que podemos añadir a nuestras relaciones para conseguir avivar esa famosa ‘chispa’. Pero, como siempre, debemos empezar por hablar, comunicar de forma sincera a nuestra pareja aquello que no nos acaba de motivar y lo qué nos gustaría y muchas veces este es el paso más difícil”, agregó.

En otros casos, señala Jorba, la novedad no debemos buscarla en la cama sino fuera de ella: “Puede que lo que nos falte es conectar con nuestra pareja, divertirnos, tener espacios de intimidad y sobre todo no tener discusiones ni problemas a resolver”, dijo.

También indicó que otro motivo puede ser nuestro bienestar personal, el cansancio laboral, las responsabilidades con los hijos y la casa, el poco tiempo libre, etc. Todo ello hace que estemos más apáticos y con poca predisposición al sexo. “Si es así, deberemos provocar cambios positivos en nuestra vida que permitan que empecemos a disfrutar de nuevo de las cosas”.

Por su parte, la psicoterapeuta sexual Miranda Christophers agregó en conversación con el medio The Huffington Post que hay muchos factores que afectan al deseo sexual, incluidos temas físicos como el dolor en el sexo, dificultades sexuales con la erección o disfunción eréctil, estrés y cansancio. Pero también la depresión, la menopausia, el embarazo, el parto, los problemas de salud, los medicamentos, el alcohol y las drogas, entre otros.

Las Dificultades sexuales más común en pareja

Precisamente, éstas y otras situaciones de índole sexual contribuyen al problema sexual que los terapeutas tratan con mayor frecuencia en sus consultas: el deseo sexual dispar entre parejas.

De acuerdo a Pepper Schwartz, doctora estadounidense experta en intimidad y sexualidad, muchas personas tienen un deseo sexual muy diferente al de su pareja. “De hecho, es el problema con el que más se topan los terapeutas sexuales”, indicó la especialista.

Su colega, Miranda Christophers, agregó que el hecho de que un miembro de la pareja quiera mucho más sexo que otro es “extremadamente común”.

Así lo demostró un estudio realizado por Natsal, encuesta británica relacionada con las actitudes y estilos de vida sexuales del pueblo inglés, el cual arrojó que una cuarta parte de las relaciones sufren este problema de disparidad del deseo sexual, aunque se sospecha que afecta a la mitad de las relaciones.

Este problema se daría por igual en parejas heterosexuales y homosexuales. Según una encuesta realizada por el medio Gay Star News, aplicado a 1500 homosexuales, el 53% tenía más deseo sexual que sus parejas, mientras que solo el 22% decía tener una libido similar.

De acuerdo al Centro Psicológico Sexológico Zubieta de España, cuando una pareja en la cual hay disparidad de deseo sexual llega a consulta, “le preguntamos si se trata de una situación nueva o si es así desde el principio. Sólo un porcentaje menor de parejas contestan que es una situación nueva para ellos. En muchos casos, la disparidad en el deseo sexual ha estado ahí desde el principio”.

Cottonbro | Pexels

¿Cómo afecta esta disparidad a la pareja?

Lo cierto es que, para algunas personas, la disparidad sexual entre la pareja no supone ningún problema mayor. No obstante, para otras puede llegar a ser un motivo de ruptura.

Precisamente, la insatisfacción que provoca a uno de los miembros de la pareja que el otro desee demasiado o muy poco sexo es conocida como disritmia o discronaxia sexual. De acuerdo a la Unidad Especializada en Salud Sexual de México (Unesex), ésta puede deberse a distintos factores como los siguientes:

  • Experiencias traumáticas sexuales o emocionales en la relación actual o pasadas.
    Problemas de pareja.
  • Diferencia de gustos y significados sexuales y eróticos entre los miembros de la pareja.
  • Falta o mala comunicación sexual.
  • Falta de Educación sexual.
  • Sentimientos de culpa hacia su sexualidad.
  • Vergüenza o pena.
  • Incomodidad por la desnudez.
  • Baja autoestima.
  • Estrés.
  • Ansiedad.
  • Enojo.

“Es verdad que para algunas personas es un problema importante”, indicó Christophers, añadiendo que existen estudios al respecto que muestran que la insatisfacción sexual puede dañar la relación y afectar al autoestima y a la identidad de las personas.

Sobre las alternativas a esta disparidad, Christophers comentó que cuando el deseo sexual en la pareja no coincide, lo recomendado es abordarlo antes de que se convierta en un problema y conlleve a una ruptura o una infidelidad.

En este sentido, afirma que es clave mantener una comunicación sincera y continua, de modo de entender por qué no comparten el mismo deseo sexual, saber qué los motiva y lo que no en la intimidad, y ser sinceros sobre el deseo que tienen en ese momento concreto.

Y es que, cuando una pareja habla de sus discrepancias y comprende de dónde surgen, se puede abordar el problema y mitigar sus posibles consecuencias. Al verbalizarlas, también se dan la oportunidad de descubrir si hay una solución o forma para hallar un nivel de intimidad en el que los dos se sientan cómodos, un punto medio que les acomode a ambos, expresó Christophers.

Edward Eyer | Pexels

¿Cómo mejorar la intimidad sexual?

Gabriela Recchi, psicóloga y orientadora en sexualidad, manifestó en conversación con el medio Clarín que las personas cambian a medida que pasa el tiempo y es por esto que la sexualidad también lo hace.

“La pareja se tiene que entender como una sociedad donde cada uno va a plantear sus deseos. Mediante la escucha y la empatía vamos a tener que encontrarnos con la situación de renegociar o de acordar nuevas formas de vincularnos sexualmente. Es fundamental no suponer ni dejar que nuestras inseguridades nos afecten, trabajar la autoestima y reeducar nuestra sexualidad”, dijo la especialista.

En este contexto, la terapeuta sexual Jamila Dawson afirmó que una forma de mejorar la intimidad sexual es invitar a las parejas a recordar experiencias pasadas que ambos hayan disfrutado.

“¿Qué situaciones te hicieron sentir bien? ¿Qué estabas haciendo para que te gustara tanto? Hay que centrarse en lo que ya ha funcionado antes e intentar trasladarlo a la situación actual. Hagan que sus experiencias positivas jueguen a su favor”, explicó la fundación SexualBeing.org.

Jonathan Borba | Pexels

Por su parte, Julia Santecchia, psicóloga y sexóloga clínica y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, entregó en conversación con el medio Clarín una serie de consejos para que las parejas que están atravesando por una disritmia sexual puedan sobrellevarla de la mejor manera posible:

  • Entender que lo que le pasa a uno de los integrantes de la pareja no es mejor ni peor que lo que le ocurre al otro.
  • Cada uno con sus ganas y con su ritmo.
  • Es importante dialogar, hablar de lo que nos pasa, explicar que no es algo personal, que tiene que ver con el ritmo de cada uno, de cómo vive su sexualidad.
  • Si hay discrepancia en los niveles de interés del deseo sexual, no significa que la otra persona ya no te desea, que no la erotizas más, simplemente es su manera de “desear”.
  • Ser más flexibles: el que tiene más ganas no debe acercarse con la intención sexual, sino con intención afectiva para que la otra persona no se sienta presionada. Y del otro lado también predisponerse a ese acercamiento, no atajándose, simplemente dándose la oportunidad de conectarse.
  • Recuperemos esos besos apasionados y esos abrazos que nos desarmaban. Una caricia que te eriza toda la piel o esas miradas profundas que dicen más que muchas palabras, todo esto es conectarse.
  • Y si no surge el deseo, no frustrarnos, disfrutar ese momento de conexión que vamos perdiendo, y quién dice que uno de esos días aparezca nuevamente.

 

 


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